Hijo de la ira

Antes de morir, borracho y olvidado, Jim Thompson se despidió con esta novela. Era consciente de que en ella volcaba todas sus obsesiones, toda la crítica a los valores morales que habían marcado su larga carrera, toda la angustia que le había llevado al alcohol, el LSD y la desesperación, convencido de que, al contrario de lo que predecía la crítica, sus novelas no morirían con él. Confirmaba así que su vida también estaba marcada por esa frase que guiaba todas sus novelas. "Hay un solo argumento posible: las cosas no son lo que parecen". En esta sorprendente y valiente novela,...
